martes, 15 de noviembre de 2011

Ni mi palabra ni mi predicación.

Pablo, dirigiéndose a los Corintios les dice respecto al evangelio que él enseñaba: "Porque ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en poder de Dios" (1era. Corintios 2:4-5).

En cualquier materia humana que uno imagine siempre le dará el mérito a quien más haya estudiado, quien más tiempo lleve en el asunto. Así, si nosotros asistimos a un seminario de matemáticos, siempre quien sea presentado como el Doctor en Matemáticas tendrá un poco más de ventaja de credivilidad, que quien sea presentado como el recién graduado de la universidad. El corazón humano tiende a pensar que la sabiduría se obtiene por el estudio, por el tiempo que se lleva en el asunto, etc. Y es muy probable que en lo material así sea, pero, en lo espiritual el asunto cambia. Pablo nos dice que el evangelio no se predica con palabras de humana sabiduría, pues cuando así se hace, el evangelio no es sustentable.

Para que el PODER de Dios esté en el evangelio, éste debe ser predicado con la demostración del Espíritu de Dios. Ese evangelio, como lo explicamos el día de ayer, es un evangelio sencillo, tan sencillo como creer que la sangre que Cristo derramó en la muerte de la cruz es suficiente para perdonar nuestros pecados. Meditemos.

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