miércoles, 1 de febrero de 2012

Vanidad y aflicción de espíritu.

Hemos predicado de esto en el pasado, pero creemos que nuevamente es la hora de tocar el tema. El hombre se desvela pensando en el mañana y madruga pensando en el hoy, y todo para qué, para que quien venga tras de sí tenga una vida más placentera que la que uno tuvo.

Si esa persona se da cuenta hoy o no, si se dará cuenta mañana o no de esa lucha, no lo sabemos. El hombre más sabio que ha existido después de Jesucristo, Salomón, escribió en Eclesiastés: "Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu" (1:14). ¿Para qué se afana el hombre? Todos, especialmente en el medio latino, nos desvelamos por nuestras familias; en lugares como los Estados Unidos Americanos y Europa, la gente se desvela por y para sí misma. Pero sea lo uno o sea lo otro, dice Salomón que todo es vanidad y aflicción de espíritu. Si no se tiene porque ¿cómo han de llenarse las necesidades?; y si se tiene demasiado ¿cómo librarse de los que quieren a la fuerza o con astucia, lo que tanto nos ha costado? Como vemos, tanto lo uno como lo otro son vanidad y aflicción de espíritu.

No os angustiés por nada dijo Jesucristo ¿acaso mi Padre que está en los cielos no cuida aún de las flores del campo y de los animalitos? Fe, es vivir por lo que no vemos, no por lo que vemos. El creyente, teniendo o no teniendo recursos, tiene forzosamente, que vivir por fe ¿cómo seremos testimonios si no es así? Meditemos.

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