Muchas personas hoy en día, en el calor del primer amor hacia Jesucristo, salen a la calle pregonando sólo las virtudes del cristianismo, salen pregonando sólo los privilegios del creyente, salen eufóricos sintiéndose maestros, evangelistas, pastores, profetas y hasta apóstoles.
Por ser el apostolado el ministerio que más áreas cubre, es quizás la razón por la cual muchos líderes van a cualquier seminario que los invitan al extranjero, están metidos en un hotel de lujo los tres días y el día lunes regresan llamándose "pastor y apóstol fulano de tal". Menos mal que de ellos el Espíritu Santo nos libra con un poquito de discernimiento. Más preocupante resulta, desde nuestro punto de vista, el falso profeta. ¿Quién es el falso profeta? ¿Cómo podemos reconocer al falso profeta? La escritua nos dice claramente que el "verdadero profeta" es aquél que cuando profetiza en el nombre de Dios, simplemente lo que dice ¡Se cumple ! y, por ende, el falso profeta debe de ser aquél que cuando lo hace, lo que dice no se cumple. De ellos dice Dios que con "presunción hablaron" y de los cuales no hay que tener "temor" (Deuteronomio 18:22). Pero hubo profetas de Dios que decían lo que Dios sí había dicho, pero resulta que lo que Dios mandaba a decir NO LE GUSTABA a los que lo oían, entonces disponían que lo que el profeta estaba diciendo no venía de Jehová, sino que el profeta no sólo era mentiroso sino pesimista. Ese es el caso de Jeremías. Como todos querían quedarse en Jerusalén a pesar de la inminente invasión de Babilonia, pero Jeremías decía que Dios ordenaba lo contrario, entonces dispusieron que lo que Jeremías decía era mentira y que era un pesimista.
Ese fue el duro ministerio de Jeremías durante casi 40 años. Hoy en día, vendrán muchos profetas anunciando paz, poder, y prosperidad... pero ellos no vendrán en el nombre de Dios. Jesucristo mismo dijo que los tiempos postreros derían difíciles, tan difíciles que aún los escogidos podríamos ser confundidos, entonces preguntamos ¿Quién sabe más el Hijo de Dios, o alguien que se hace llamar profeta humano? y la respuesta del millón sería ¿A quién le vamos a creer? Que un profeta de Dios diga la verdad acerca de un cautiverio, cuando éste viene, no implica que sea pesimista. Meditemos.
Ensancha el sitio de tu tienda... no seas escasa. Toda la gloria y la honra sean para el Señor
sábado, 9 de junio de 2012
viernes, 8 de junio de 2012
No hay paz para los impíos.
Debido al mundo que nos rodea y a la vida tan dura que estamos viviendo en el sentido material, con millares de personas sin empleo; muchas empresas tecnificando sus trabajos y eliminando personal; muchas empresas forzando a sus empleados a tomar una jubilación temprana, pero especialmente el hundimiento de los gobiernos por tanta corrupción impune, es muy fácil pensar en tomar caminos equivocados para poder sobrevivir.
La biblia, mandada a escribir por órden divina, nos enseña que: "el impío, podrá tener los recursos que muchos de nosotros no sólo quisiéramos sino también necesitamos, pero no tendrá la paz que nosotros tenemos al confiar en Dios" (Isaías 57:21). Dios nos exhorta a confiar en él, él sabe cuánto, cuándo, y por qué nos da. Nosotros en el momento quizás por la ceguera de la pena no lo entendemos, sentimos que lo que recibimos es escaso o nulo, pues en cuanto recibimos algo de dinero tan sólo lo vemos pasar, y, lamentablemente ya vimos que éste mundo se mueve por el comercio y el dinero. Ahora para acabarnos de arrinconar con las deudas y las dependencias económicas han globalizado el mercado y el comercio. Es muy fácil así el ser dependientes directos o indirectos de las grandes corporaciones; de los bancos; de la industria, especialmente de la alimenticia, que también con mucha facilidad podemos llegar a pensar en negocios fáciles pero ilícitos.
Dios nos exhorta a que le sigamos, a que confiemos en él, a que esperemos en él. En momentos de crisis (nuestros desiertos) es cuando conocemos o conoceremos a Dios. En el desierto (en la crisis), el pueblo de Israel vió salir agua de una roca. En el desierto (en la crisis), el pueblo de Israel vio caer maná del cielo. En el desierto (en la crisis), fue cuando Dios se le hizo palpable a su pueblo. Confiemos y esperemos que en nuestro desierto, en las crisis, es cuando nosotros conoceremos a nuestro Dios y nos dará paz. En el desierto (en la crisis), muchos del pueblo de Israel no confiaron en Dios y no solamente no le conocieron sino hasta perdieron la vida. Meditemos.
La biblia, mandada a escribir por órden divina, nos enseña que: "el impío, podrá tener los recursos que muchos de nosotros no sólo quisiéramos sino también necesitamos, pero no tendrá la paz que nosotros tenemos al confiar en Dios" (Isaías 57:21). Dios nos exhorta a confiar en él, él sabe cuánto, cuándo, y por qué nos da. Nosotros en el momento quizás por la ceguera de la pena no lo entendemos, sentimos que lo que recibimos es escaso o nulo, pues en cuanto recibimos algo de dinero tan sólo lo vemos pasar, y, lamentablemente ya vimos que éste mundo se mueve por el comercio y el dinero. Ahora para acabarnos de arrinconar con las deudas y las dependencias económicas han globalizado el mercado y el comercio. Es muy fácil así el ser dependientes directos o indirectos de las grandes corporaciones; de los bancos; de la industria, especialmente de la alimenticia, que también con mucha facilidad podemos llegar a pensar en negocios fáciles pero ilícitos.
Dios nos exhorta a que le sigamos, a que confiemos en él, a que esperemos en él. En momentos de crisis (nuestros desiertos) es cuando conocemos o conoceremos a Dios. En el desierto (en la crisis), el pueblo de Israel vió salir agua de una roca. En el desierto (en la crisis), el pueblo de Israel vio caer maná del cielo. En el desierto (en la crisis), fue cuando Dios se le hizo palpable a su pueblo. Confiemos y esperemos que en nuestro desierto, en las crisis, es cuando nosotros conoceremos a nuestro Dios y nos dará paz. En el desierto (en la crisis), muchos del pueblo de Israel no confiaron en Dios y no solamente no le conocieron sino hasta perdieron la vida. Meditemos.
jueves, 7 de junio de 2012
Oídme los que conocéis justicia.
El ser más justo que existe es Dios, su Hijo, y el Espíritu Santo, lo que los creyentes conocemos como la Santísima Trinidad. Cualquiera que conoce a Dios, es porque recibió a su Hijo en su corazón, y por añadidura recibió el Espíritu Santo para que lo guíe en su caminata por éste mundo.
Pero, sin embargo, cuando somos niños en los caminos del Señor, tendemos a hacer lo que hacían muchos en los tiempos de los profetas mayores, esto es, recurrir a los beneficios del mundo antes que hincárnos y pedirle a Dios que nos diga ¿qué hacer? ¿para dónde tomar? ¿a dónde recurir?. Así, vemos que en el libro de Isaías Dios le reclama a su pueblo de la siguiente manera: "Porque así dijo Jehová el Señor: MI PUEBLO descendió a Egipto (que como lo hemos explicado en muchas ocasiones, es una figura del mundo y todos sus beneficios y placeres) en tiempo pasado, para MORAR allá, y el asirio lo cautivó" (Isaías 52:4). Nótese que quisimos resaltar la palabra MORAR, pues Dios sabe también que nos sería imposible sobrevivir sin algunas circunstancias del mundo. Pero lo que él no desea es que nos deleitemos con ellas, que nos acomodemos con ellas, que dependamos de ellas, que confiémos más en ellas que en él.
Sabemos que a todos nos suceden acontecimientos extremos en algún momento de nuestra vida, pero Dios está presto para decírnos: "Oídme los que conocéis justicia". ¿Quiénes son esos que conocen justicia? Pues nosotros, los que conocemos a Dios, los que hemos recibido a su Hijo en nuestro corazón, los que hemos recibido al Espíritu Santo como añadidura para nuestra caminata. No temamos al hombre, ni al mundo, ni las circunstancias en las que estamos pues Dios está con nosotros y desea lo mejor para nosotros... no importando, repetimos, nuestras circunstancias. Meditemos.
Pero, sin embargo, cuando somos niños en los caminos del Señor, tendemos a hacer lo que hacían muchos en los tiempos de los profetas mayores, esto es, recurrir a los beneficios del mundo antes que hincárnos y pedirle a Dios que nos diga ¿qué hacer? ¿para dónde tomar? ¿a dónde recurir?. Así, vemos que en el libro de Isaías Dios le reclama a su pueblo de la siguiente manera: "Porque así dijo Jehová el Señor: MI PUEBLO descendió a Egipto (que como lo hemos explicado en muchas ocasiones, es una figura del mundo y todos sus beneficios y placeres) en tiempo pasado, para MORAR allá, y el asirio lo cautivó" (Isaías 52:4). Nótese que quisimos resaltar la palabra MORAR, pues Dios sabe también que nos sería imposible sobrevivir sin algunas circunstancias del mundo. Pero lo que él no desea es que nos deleitemos con ellas, que nos acomodemos con ellas, que dependamos de ellas, que confiémos más en ellas que en él.
Sabemos que a todos nos suceden acontecimientos extremos en algún momento de nuestra vida, pero Dios está presto para decírnos: "Oídme los que conocéis justicia". ¿Quiénes son esos que conocen justicia? Pues nosotros, los que conocemos a Dios, los que hemos recibido a su Hijo en nuestro corazón, los que hemos recibido al Espíritu Santo como añadidura para nuestra caminata. No temamos al hombre, ni al mundo, ni las circunstancias en las que estamos pues Dios está con nosotros y desea lo mejor para nosotros... no importando, repetimos, nuestras circunstancias. Meditemos.
miércoles, 6 de junio de 2012
El teléfono directo de Dios.
Anoche en la reunión de la iglesia en el hogar, el hermano que llevó el mensaje nos habló de lo que significa, de lo que implica, de lo que es la oración. Nos mostraba que la oración es el camino más corto para llegar a Dios. Que la oración, es en palabras coloquiales: "El teléfono directo a la oficina del Dios".
Con porciones del libro de Proverbios, de los Salmos, de Crónicas y otros versos, fuimos guiádos a ver que la oración es una comunicación directa con nuestro Padre celestial. Así como en lo natural un hijo se comunica con el padre, así también en lo espiritual el hecho de orar, nos hace tener una comunicación directa y franca con nuestro Padre celestial. Uno de los conceptos que más nos llamó la atención es que se mencionó un detalle que es muy significativo: "En la medida que oramos... vamos cambiando". Mientras más tiempo pasamos en la presencia de Dios, más cambiamos. Y si lo analizamos es lógico. Se dice que en el matrimonio las parejas nos llegamos a parecer, pues el hecho de estar en constante comunicación y relación, nos hace que pensemos lo mismo, que nos guste lo mismo, que querramos lo mismo, y hasta que tengamos los mismos modales, ademanes o expresiones. Así sucede con nuestro Padre celestial, en la medida que lo tratamos nos vamos purificando y pareciendo a él, de allí el cambio que experimentamos.
Se nos enseñó que el Señor quiere comunicarse con nosotros y que se goza en ello. Que por medio de la oración nosotros podemos agradecerle lo que ha hecho por nosotros, podemos interceder por las necesidades de otros, y podemos también pedir por nuestras necesidades. La idea del mensaje era exhortarnos a comunicarnos "más" con Dios por medio de la oración. Meditemos.
Con porciones del libro de Proverbios, de los Salmos, de Crónicas y otros versos, fuimos guiádos a ver que la oración es una comunicación directa con nuestro Padre celestial. Así como en lo natural un hijo se comunica con el padre, así también en lo espiritual el hecho de orar, nos hace tener una comunicación directa y franca con nuestro Padre celestial. Uno de los conceptos que más nos llamó la atención es que se mencionó un detalle que es muy significativo: "En la medida que oramos... vamos cambiando". Mientras más tiempo pasamos en la presencia de Dios, más cambiamos. Y si lo analizamos es lógico. Se dice que en el matrimonio las parejas nos llegamos a parecer, pues el hecho de estar en constante comunicación y relación, nos hace que pensemos lo mismo, que nos guste lo mismo, que querramos lo mismo, y hasta que tengamos los mismos modales, ademanes o expresiones. Así sucede con nuestro Padre celestial, en la medida que lo tratamos nos vamos purificando y pareciendo a él, de allí el cambio que experimentamos.
Se nos enseñó que el Señor quiere comunicarse con nosotros y que se goza en ello. Que por medio de la oración nosotros podemos agradecerle lo que ha hecho por nosotros, podemos interceder por las necesidades de otros, y podemos también pedir por nuestras necesidades. La idea del mensaje era exhortarnos a comunicarnos "más" con Dios por medio de la oración. Meditemos.
martes, 5 de junio de 2012
Los hombres de Dios, casi nunca son aceptos.
¿Quién no quiere llegar a una reunión y ser el centro de la atención? ¿Quién no quiere ser acepto entre los asistentes en la familia? ¿A quién le gusta ser rechazado dentro de un grupo social? Pues bien, cuando analizamos las escrituras nos damos cuenta que por "x" o por "y" razón, los hombres elegidos de Dios casi nunca fueron aceptos dentro de los grupos ni sociales ni religiosos.
A los grandes hombres de Dios les tocó, por lo general, vivir una vida solitaria y apartada. Vea usted la pregunta que Elías le hace al Señor ¿Señor, por qué me has dejado solo? Y, la respuesta de Dios es tan desconcertante como la pregunta: "No estás solo, como tú hay otros 7,000". Y decimos que la respuesta es desconcertante porque ¿ya se puso usted a pensar que siendo Elías un hombre de Dios, visitaba el templo, visitaba la sinagoga, visitaba las casas de los sacerdotes... y NO había encontrado evidencias de esos 7,000, y, es más, ellos a él tampoco? ¿En dónde estaban? Pues tan "solitarios y aislados" como él. ¿Ya vió la vida de los profetas mayores? Siempre atacados, siempre perseguidos. ¿Ya analizó la vida de Juan el Bautista? Viviendo en el desierto y hasta mal vestido. ¿Ya analizó la vida de Pablo, perseguido por cristianos, por sacerdotes, y por la crema y nata de la religiosidad judía como lo era el grupo del sanedrín? (vea Hechos 24). No decimos que si somos aceptos en un grupo, entonces NO somos hombres de Dios; pero, lo que sí es un hecho comprobado es que: Los grandes hombres de Dios, simplemente, no lo fueron.
Los grandes hombres de Dios se prepararon siempre en lo secreto, no llevaban una vida social común y corriente como los demás creyentes. Los grandes hombres de Dios no salían a pregonar lo que se les antojaba, esperaban el momento y la orden de Dios. Los grandes hombres de Dios, primero escuchaban de Dios, lo asimilaban, lo guardaban, y hasta que Dios les daba el banderazo de salida entonces iban y hacían lo que Dios les había dicho que hicieran. Meditemos.
A los grandes hombres de Dios les tocó, por lo general, vivir una vida solitaria y apartada. Vea usted la pregunta que Elías le hace al Señor ¿Señor, por qué me has dejado solo? Y, la respuesta de Dios es tan desconcertante como la pregunta: "No estás solo, como tú hay otros 7,000". Y decimos que la respuesta es desconcertante porque ¿ya se puso usted a pensar que siendo Elías un hombre de Dios, visitaba el templo, visitaba la sinagoga, visitaba las casas de los sacerdotes... y NO había encontrado evidencias de esos 7,000, y, es más, ellos a él tampoco? ¿En dónde estaban? Pues tan "solitarios y aislados" como él. ¿Ya vió la vida de los profetas mayores? Siempre atacados, siempre perseguidos. ¿Ya analizó la vida de Juan el Bautista? Viviendo en el desierto y hasta mal vestido. ¿Ya analizó la vida de Pablo, perseguido por cristianos, por sacerdotes, y por la crema y nata de la religiosidad judía como lo era el grupo del sanedrín? (vea Hechos 24). No decimos que si somos aceptos en un grupo, entonces NO somos hombres de Dios; pero, lo que sí es un hecho comprobado es que: Los grandes hombres de Dios, simplemente, no lo fueron.
Los grandes hombres de Dios se prepararon siempre en lo secreto, no llevaban una vida social común y corriente como los demás creyentes. Los grandes hombres de Dios no salían a pregonar lo que se les antojaba, esperaban el momento y la orden de Dios. Los grandes hombres de Dios, primero escuchaban de Dios, lo asimilaban, lo guardaban, y hasta que Dios les daba el banderazo de salida entonces iban y hacían lo que Dios les había dicho que hicieran. Meditemos.
lunes, 4 de junio de 2012
Aunque hoy no lo miremos, va a suceder.
Si alguien a estado leyendo los mensajes de los días anteriores, tal vez pensará que el mensaje de hoy es un poco contradictorio o no congruente con aquellos, pero no es así. Nosotros estamos en contra de una doctrina de paz, de poder, y de prosperidad... como la base de sostener domingo a domingo a una congregación, para que vaya creciendo en cantidad aunque no así en calidad.
Es cierto que Dios ha prometido "bendecirnos", lo hizo con Abraham, lo hizo con David, lo hizo con Salomón, Dios mismo dice: "¿Acaso se a acortado mi brazo para no bendecirlos?". Dios quiere un pueblo especial para ser él, un Dios especial para ese pueblo. Pero, al igual que un novio no desea que la novia ponga sus ojos en lo que él pueda darle, sino en lo que él es como persona; así, Dios no desea que su pueblo ponga los ojos en lo que él puede proporcionarnos, sino en lo que él es, en lo que él significa para nuestro corazón. Dios le recordó a Isaías lo que le dijo a Abraham: "Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué" (Isaías 51:2). Dios quiere darnos paz, poder y prosperidad como buen padre nuestro que es, pero, él tiene un proceso: Primero nos llama, luego nos bendice (que no implica dinero como muchos piensan, pues benditos somos al conocerlo y salir de las llamas del infierno), y luego, entonces viene la multiplicación (la cual sí implica prosperidad).
Dios puede pero no lo hace, el darnos prosperidad inmediata, él sabe y conoce el corazón humano mejor que nadie, y, como nos decía la bisabuela Sofía cuando éramos niños, Dios sabe perfectamente que: "El que nunca ha tenido nada y llega a mucho tener, hasta loco se puede volver". Por eso es que Dios no nos da la prosperidad junto con el llamamiento y la bendición. Pero de algo podemos estar seguros, aún y cuando, hoy no lo miremos, va a suceder, porque es una promesa suya. Meditemos.
Es cierto que Dios ha prometido "bendecirnos", lo hizo con Abraham, lo hizo con David, lo hizo con Salomón, Dios mismo dice: "¿Acaso se a acortado mi brazo para no bendecirlos?". Dios quiere un pueblo especial para ser él, un Dios especial para ese pueblo. Pero, al igual que un novio no desea que la novia ponga sus ojos en lo que él pueda darle, sino en lo que él es como persona; así, Dios no desea que su pueblo ponga los ojos en lo que él puede proporcionarnos, sino en lo que él es, en lo que él significa para nuestro corazón. Dios le recordó a Isaías lo que le dijo a Abraham: "Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué" (Isaías 51:2). Dios quiere darnos paz, poder y prosperidad como buen padre nuestro que es, pero, él tiene un proceso: Primero nos llama, luego nos bendice (que no implica dinero como muchos piensan, pues benditos somos al conocerlo y salir de las llamas del infierno), y luego, entonces viene la multiplicación (la cual sí implica prosperidad).
Dios puede pero no lo hace, el darnos prosperidad inmediata, él sabe y conoce el corazón humano mejor que nadie, y, como nos decía la bisabuela Sofía cuando éramos niños, Dios sabe perfectamente que: "El que nunca ha tenido nada y llega a mucho tener, hasta loco se puede volver". Por eso es que Dios no nos da la prosperidad junto con el llamamiento y la bendición. Pero de algo podemos estar seguros, aún y cuando, hoy no lo miremos, va a suceder, porque es una promesa suya. Meditemos.
viernes, 1 de junio de 2012
!Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos¡
El hombre cuyo corazón quiere agradar a Dios, en su mayoría el día de hoy, no está en la plenitud de vida que se nos ha ofrecido que tendríamos. La ilusión de tener una vida de paz, de tranquilidad, de prosperidad, de comodidad no es el 100% en el 100% de esa clase de persona.
Vemos creyentes con enfermedades terminales; vemos creyentes con falta de empleo; vemos creyentes con problemas familiares; en fín, casi todos los problemas que aquejan al impío están aquejando al creyente, es más, en una gran cantidad de ocasiones o de casos vemos que hay impíos que prosperan y están mejor que los creyentes, entonces preguntamos ¿qué es lo que sucede? Lo que sucede es que !nosotros no entendemos bien el mensaje de la Palabra de Dios¡ Y ¿por qué no lo entendemos? Pues simplemente porque o nos lo enseñan mal, o porque lo aprendemos mal al estudiarlo por nuestra cuenta. La bendición viene por una condición esencial que Dios puso: SI OYERES HOY MI VOZ (Deuteronomio 28:1). Esa fue la condición que Dios le puso a su pueblo y que nos pone a nosotros hoy. Tenemos que OIR la voz de Dios, y por supuesto, obedecerla. Peronosotros vemos que a lo largo de la historia del pueblo de Dios NO hacemos eso. Dios sentenció al impío con la siguiente expresión: "No hay paz para los malos, dijo Jehová" (Isaías 48:22).
Y, si no hay paz para los malos ¿podrémos esperar paz para los buenos que hacen lo mismo que los malos? Definitivamente que no. Dios nos tiene paciencia, Dios nos tiene misericordia, pero no puede romper sus reglas establecidas. Dios quiere que respetemos esas normas, esas reglas... esos eran sus mandamientos. Entonces, no esperemos escuchar de él la sentencia: "Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos". Meditemos.
Vemos creyentes con enfermedades terminales; vemos creyentes con falta de empleo; vemos creyentes con problemas familiares; en fín, casi todos los problemas que aquejan al impío están aquejando al creyente, es más, en una gran cantidad de ocasiones o de casos vemos que hay impíos que prosperan y están mejor que los creyentes, entonces preguntamos ¿qué es lo que sucede? Lo que sucede es que !nosotros no entendemos bien el mensaje de la Palabra de Dios¡ Y ¿por qué no lo entendemos? Pues simplemente porque o nos lo enseñan mal, o porque lo aprendemos mal al estudiarlo por nuestra cuenta. La bendición viene por una condición esencial que Dios puso: SI OYERES HOY MI VOZ (Deuteronomio 28:1). Esa fue la condición que Dios le puso a su pueblo y que nos pone a nosotros hoy. Tenemos que OIR la voz de Dios, y por supuesto, obedecerla. Peronosotros vemos que a lo largo de la historia del pueblo de Dios NO hacemos eso. Dios sentenció al impío con la siguiente expresión: "No hay paz para los malos, dijo Jehová" (Isaías 48:22).
Y, si no hay paz para los malos ¿podrémos esperar paz para los buenos que hacen lo mismo que los malos? Definitivamente que no. Dios nos tiene paciencia, Dios nos tiene misericordia, pero no puede romper sus reglas establecidas. Dios quiere que respetemos esas normas, esas reglas... esos eran sus mandamientos. Entonces, no esperemos escuchar de él la sentencia: "Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos". Meditemos.
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